Aprender a disfrutar de la vida, aprender a sonreír cuando no hay motive para hacerlo, aprender a levantarte y seguir.
Es algo que no se logra solo proponiéndoselo.
Tampoco se dictan cursos.
Lamentablemente esas lecciones uno las aprende del modo difícil.
Duele, cuesta, a veces uno se pregunta porque no hay una forma más simple.
La respuesta es simple, vivir no es simple, entonces aprender a vivir no va a ser simple.
A veces uno cuestiona todo lo que ha hecho, lo que ha vivido, lo que decidió, porque está en una situación en la que la vida se ve sobrevaluada.
Esas situaciones son fáciles de superar, esas situaciones son simples, con un poco de ganas y de autoestima se vencen.
El problema surge con las situaciones en que la vida se ve subvalorada.
Esos momentos en que uno nota que todo lo que hace importa, y mucho, ya sea detenerse a ver las estrellas, a admirar la simple belleza de una flor, o solo mirar a los ojos a quien amas.
Esas situaciones son mas raras de encontrar en la vida, y no son situaciones que uno debe superar, son situaciones que uno debe abrazar, aferrarse a ellas y no dejarlas ir, porque son situaciones que nos definen como personas.
Son momentos clave, momentos para estar, acompañar, compartir, poner el hombro y compartir una lagrima.
Aunque suene raro esas son las situaciones que uno mas debe recordar, porque sin importar el resultado son las situaciones en las que encontramos a las verdaderas personas que tenemos alrededor.
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