domingo, 19 de julio de 2009

Memories of being

Si bastaran solo unas lagrimas para solucionar todos mis errores.
Si con decir perdón desaparecieran todas mis penas.
Pero no.
El pasado existe, está ahí, presente y constante, recordándonos nuestros equívocos, nuestros lamentos y nuestras decisiones, sin darnos otra oportunidad.
A veces pienso que recordar no es bueno. Recordamos en general lo malo, que siempre es muchísimo más que lo bueno, recordamos esos momentos de tristeza, de malestar, peleas, depresiones, malas decisiones.
Pero cuando recordamos las cosas buenas, los momentos felices (que son poquísimos pero que llenan el alma), recordamos esos besos y abrazos, esa gente muy especial para uno, aunque cueste reconocerlo, esas palabras que nos quedan grabadas en el cuerpo.
La memoria es una amante cruel, algunos dicen que es la vida, pero yo estoy seguro que es la memoria.
Paso a explicar:
La vida es difícil, complicada, con muchas idas y vueltas, pero generalmente viene con nosotros a donde la llevemos, opone poca resistencia, y a lo sumo te da una lección sobre cómo debería s ser.
Pero la memoria es muy diferente, siempre está en su propio tiempo, nunca sigue nuestros pasos, nunca nos enseña nada, y nos permite cometer el mismo error una y otra vez. Cuando la necesitas se va, y cuanto menos queres recordar, mas te agarra de la mano.
La vida será una mujer hermosa, esplendida, a veces demasiado para nosotros, esa clase de mujer feroz, vivaz, dominante, pero que nos ama perdidamente, nunca nos abandonaría y nos ayudaría a hacer las locuras más grandes, siempre a nuestro lado hasta el fin.
La memoria en cambio seria esa mujer que de chicos nos fascina, la queremos, necesitamos y vanagloriamos, pero que mientras crecemos vamos viendo que su belleza es solo superficial, en realidad es solo una aprovechadora, que aparece cuando nos necesita y se va con la luz del alba, esa clase de mujer que solo sirve para lastimarnos, esa clase de mujer que recibimos con los brazos abiertos, sin preguntar si quiera porque; pero una vez que se va no sabemos cómo curar nuestras heridas, nos quedamos como estatuas, pensando, sufriendo, con el alma lastimada.

Yo siempre tuve una “buena” memoria (haciendo referencia a la cantidad de información y la calidad con la que la almacenaba), nunca olvidaba una cara, un texto, una idea. Con los años las cosas no cambiaron, hasta que vino PA y la med., y bueno, nunca hace bien alterar la química cerebral. Pero aquí me tienen, con retazos de memoria, intentando armar este rompecabezas que es mi mundo actual.
Mi memoria me ayudo muchas veces en muchas cosas, aunque debo admitir que desde hace tres años es algo así como mi infierno personal, me recuerda cosas, hechos y personas, me lastima de a poco, pequeñas incisiones sobre el mismo lugar una y otra vez, haciendo de esta herida un endless suffer.
En algún lugar dije “nos hace recordar personas especiales”, a veces ese especiales puede ser para bien, y a veces para mal.
Tengo amigos a los que añoro, recuerdo con ansia de volver a ver; y hay gente a la que quiero muchísimo que recuerdo acompañadas de un agudo dolor.

Es difícil vivir sin penas, sin remordimientos, sin querer corregir algún error; yo quisiera cambiar muchas cosas, muchas decisiones, palabras dichas o escritas, pero también hay muchas cosas que las volvería a repetir una y mil veces, sin importarme cuan equivocado haya estado.
A veces es mejor estar equivocado, vivir en contra, luchar contra las imposiciones y elegir nuestra forma de vida, decidir que pensar y como, en que y quien creer.
A veces me siento capaz de las locuras más arriesgadas (viajes insólitos, charlas en lugares y a horas extrañas, gastos incoherentes) siempre y cuando tengan una razón que me llegue al corazón.
La vida me demostró que vivir planeando un futuro es al pedo, que todo lo que construís hoy, mañana se puede derrumbar sin previo aviso y muy fácilmente.
Aprendí a vivir el ahora, a no dejar de lado nada, a escuchar los consejos de las personas menos esperadas, finalmente a disfrutar cada segundo, haga lo que haga, con quien sea que lo haga.

Qué raro es vivir, que sinuoso es el camino a recorrer, que difícil es decidir durante esa vida; al fin y al cabo son cosas ya dichas; y lo único que se puede hacer es rescatar lo importante de ese camino a recorrer/recorrido, las vistas, los amigos, lo vivido. Todas esas cosas que se nos van de la mente, esas cosas a las que no les damos importancia, esos detalles ínfimos pero que valen más que cualquier otra cosa.

Detalles como esas largas horas de charla, desviarse para hacer el recorrido más largo y que duren aun mas esos momentos en los que se comparte mucho más que una simple amistad.
O esas noches juntos, dormir a la par abrazados, sin más sentir que al otro.
O esos viajes espontáneos, viajes de muchos kilómetros, ya sea dando vueltas y cantando, o ansiando ver a esa persona que nos vuelve locos.

En fin, esos detalles, pequeños, hermosos, únicos, que se comparten con aquellos que rara vez nos detenemos a ver, oír, sentir; gente que creemos a nuestro lado eternamente, hasta que un día no están más. Yo espero no haberme olvidado de estar, de oír, ver y sentir a aquellos que significan algo para mi, espero no haberme olvidado nunca de decirles cuán importante son para mí, cuanto significan. Espero que hayan contado conmigo sin dudarlo, y haberlos podido ayudar sin haber puesto ningún pero de por medio.

Melancolía, culpa de esta memoria cruel, en fin, parte de mí, de lo que soy, de lo que pienso.

C’est la vie mon amie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario